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Contexto-Universitario

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Balance Provisional del Siglo XX Venezolano

Por: HenryTovar | Creado: 15/04/2011 22:05 |

 

Algunos escritores venezolanos, desde diversas perspectivas, han pretendido hacer un balance provisional del siglo XX venezolano. Manuel Caballero, por ejemplo, aborda el tema de los cambios de mentalidad del venezolano en el siglo XX, a través de tres tópicos vinculados con la historia política del país, como son, la violencia, "la aparición de la mujer," la democracia y la corrupción. Luego analiza el cambio de las ideas a partir del surgimiento del liberalismo, el positivismo y el marxismo. En el primer tópico el autor señala que, su alusión al cambio de mentalidad, en torno a la violencia, se refiere al modo como ahora nos vinculamos con ella. Valga decir, que no afirma que el venezolano haya dejado de ser violento, sino que se relaciona con la violencia, de un modo distinto, a como lo hacía en el siglo pasado. Hecho político ostensible en nuestra vida política y cotidiana.

 

 

 

Opinar sobre el problema de la violencia, y del cambio de mentalidad del venezolano en torno a ella, es un tema propicio para el ejercicio de sistemático de la subjetividad. Parte importante de nuestra historia, decía Uslar, es la historia de unas circunstancias que nos han sido impuestas por hechos exteriores, sin que los venezolanos hallamos contribuido de modo significativo a determinar nuestro propio destino. En ese sentido hay que distinguir aquellos cambios que se corresponden con acontecimientos originados en una voluntad endógena de transformación, de aquellos que nos han sido impuestos por realidades externas, como acontece con algunas de las manifestaciones mencionadas por Caballero.

 



 

Los cambios de mentalidad suponen variaciones más o menos permanentes, indicadoras de una actitud más o menos estable hacia determinados modelos de vida. El cambio en ese sentido, tendría una explicación dialéctica, y conforme a las tesis de Hegel, sería irreversible, con lo cual el estado anterior sería algo "superado". En cuanto a lo estrictamente político, en el plano de las formas que legitiman el acceso al poder, parece ser así. No obstante, la violencia política en este país no es un hecho superado. Creo que tampoco deberíamos transfigurar violencia política en violencia social, por tener ambas, por lo general, distintas motivaciones y orígenes.

 



 

La violencia política en Venezuela, ha adquirido nuevas formas, por obra de distintas y nuevas circunstancias, pero no ha desaparecido. Ello parecería confirmarlo la práctica de las torturas en los años sesenta, la formación de las guerrillas, las trompadas parlamentarias y los golpes de estado. Por otra parte, pareciera no existir diferencias esenciales en la estructura básica del comportamiento humano que induce a la violencia, a los ciudadanos del mundo occidental u oriental, llámense ingleses, japoneses franceses, alemanes o venezolanos. Las diferencias tienen sobre todo un condicionamiento cultural y político, dependiente de la funcionalidad de las instituciones de control social. De modo que la mentalidad, en el plano de la violencia, no es una adquisición permanente. No es un abrigo. No es una prenda de museo de la que nadie se pueda vanagloriar

 

Permanente si parece, el cambio de mentalidad acontecida con "la aparición de la mujer", como lo señala Caballero, o con su inserción activa en la vida social. Acontecer, que él atribuye al crecimiento de la población urbana y a la expansión de los medios de comunicación, particularmente al surgimiento de la radiodifusión. No obstante, no hay que olvidar que este fenómeno, no es un hecho meramente local; aparentemente, su primer origen estaría en la incorporación a la producción, que de ella hacen, los países que participan en la Primera Guerra Mundial, por la carencia de mano de obra para la industria. Aquí, la incorporación de la mujer al ámbito social y de la producción, se habría realizado por la asimilación de una transferencia cultural, en un momento de auge de las ciudades y de un incipiente desarrollo industrial fomentado por capitales foráneos.

 



 

Las mujeres en Venezuela, fueron tempranamente incorporadas a la producción en las fábricas que construyó Gómez en Maracay. Es cosa sabida que ellas eran un componente mayoritario del personal obrero de Telares de Maracay, del Lactuario de Maracay, de la fábrica de vidrio, y de Papeles Maracay. Todas éstas, empresas creadas por el auspicio del Benemérito General. Tampoco parece tan cierto que, este hecho de la participación de la mujer y del cambio de la mentalidad, es el que "parece condicionar pesadamente todos los otros cambios."(1)

 



 

Sin que seamos partidario del economicismo, pareciera que es la dinámica económica gestada por el petróleo, la que condiciona la mayor parte de los cambios de mentalidad que acontecen en nuestro siglo, hecho prácticamente ignorado o no mencionado en su exposición, `por el autor, quien en su discurso, salta a la dicotomía campo-ciudad, desconsiderando los factores vinculados con la preeminencia de la ciudad sobre el campo en el siglo XX. Venezolano.

 



 

En cuanto al tópico Democracia y Corrupción, si bien es cierto que se ha consolidado una cultura democrática, que pareciera irreversible, no debemos olvidar las circunstancias que propician ciertos ciclos. El caso de Chile está muy reciente en nuestra memoria como para olvidarlo. No había en este hemisferio, se dice, un país con mayor tradición, y mentalidad democrática que Chile; y no obstante al cambiar las circunstancias, también con ellas las mentalidades.

 



 

De la corrupción - dice caballero "la primera observación, es que ella existe desde que el mundo es mundo"(2) aforismo con el que pretendería "comprender" y explicar la expresión del fenómeno en Venezuela, el que Caballero atribuye "a la sencillísima razón de que ahora somos más y hay más plata para cogérsela" Argumento baladí con el cual podríamos explicar y justificar la corrupción en China, la India, Brasil o en los Estados Unidos. Nos resulta inaceptable y abyecta su opinión en torno a la antigüedad del fenómeno, que del mismo modo es tan viejo como la lepra. Si bien es cierto que la corrupción es un fenómeno de práctica habitual en muchos países, la diferencia de su manifestación, entre unas y otras naciones, obedece fundamentalmente a la existencia o no de la impunidad. Es decir a la eficiencia o ineficiencia de las instituciones del estado en cada país, y en segundo término a la mentalidad. Sin embargo, tiene razón cuando afirma que la actitud que ahora tenemos con respecto a ella, es muy positiva, en tanto que ha permitido, por obra de la democracia, la sanción moral antes inexistente.

 



 

Con relación a las ideas políticas, este Master Dixi de la historia venezolana. afirma que son insostenibles las afirmaciones según las cuales "las ideas, los movimientos intelectuales, artísticos, y literarios y hasta políticos, tendían a llegar con treinta años de retraso"; Argumentos que, según sus apreciaciones, no son verdaderos, criterio que compartimos en tanto se trata del liberalismo o del positivismo, que no, en el caso del marxismo, (por más Caballero, trate de demostrar las veleidades materialistas de Vallenilla Lanz.) Parece muy artificiosa su pretensión de hallar influencias de Plejanov en la obra fundamental de Vallenilla, la cual está influida por la corriente positivista del evolucionismo de Spencer, que es como el agua al aceite del marxismo. No es esta la ocasión, lamentablemente, para discurrir sobre semejante dicotomía.

 

Más acertado estuvo Eduardo Fernández en algunas consideraciones, vinculadas con la importancia del Petróleo en nuestra historia reciente. En su exposición denominada DE LA AUTOCRACIA A LA DEMOCRACIA EN EL SIGLO XX, Fernández señala con propiedad, que el personaje central de la Venezuela del siglo XX, ha sido el petróleo. Esta significante coyuntura, podría bastar para comprender el valor de la interpretación de la historia en términos relativos a los procesos, y no exclusivamente a través de sus individualidades. Como lo hace Fernández. Esta es una de las críticas que podríamos hacer a Eduardo, a quien no obstante, comprendemos, por no ser propiamente un historiador. No obstante, todavía prevalece en nuestra historiografía, la tendencia a valorar la historia venezolana en términos maniqueos. Prácticamente es de obligada comunión la tendencia a glorificar a unos personajes y ha denigrar de otros para realzar la obra de los primeros. También persiste la tendencia metodológica de valorar la historia, en términos de la obra y las vicisitudes de sus personajes, desconsiderando la variedad de factores gravitantes en torno a los fenómenos sociales. Pareciera que para la comprensión de la historia universal preferimos el análisis sociológico, y para la historia nacional el análisis psicológico.

 



 

La historia, como lo señala Marc Bloch, es esencialmente acontecer de hechos humanos, pero en un espacio y en tiempo determinados, y son estos elementos precisamente los olvidados por quienes juzgan a personajes que no pertenecen a nuestro tiempo y a nuestras circunstancias. Con esa errada metodología hemos tratado de comprender a Monagas, Guzmán, a Castro y a Gómez, sin que las conclusiones nos permitan comprender sinceramente, por qué nos surgen de tiempo en tiempo, Betancourtes, megalómanos, e iluminados.

 



 

Con relación a la valoración de la obra de Cipriano Castro y Juan Vicente Gómez, parecen indiscutibles los méritos que se le atribuyen, al margen de los errores por ellos cometidos por consecuencia de sus mentalidades y las circunstancias que explican su propia naturaleza. ¿Fue acaso Gómez un invento suigéneris, o existían sus pares en otras repúblicas suramericanas ? ¿Fue acaso el lema Paz y Orden, un invento de Gómez? Más lícito parece el juicio visceral a Rómulo Betancourt, por cuanto todavía estamos sufriendo las consecuencia de los errores que a él atribuimos; y por ser un personaje coetáneo, a quien nos corresponde juzgar (no como historiadores) por estar más cerca de unos valores democráticos compartidos, de los tuvimos referencias ejemplares

 



 

Otrosí, son los criterios esgrimidos por Jesús Sanoja Hernández, quien en BALANCE Y DESBALANCE DEL SIGLO POLÍTICO, trata con mayor ecuanimidad el valor de la Revolución Restauradora, que según nos dice, introdujo en el mapa político a los Andes y a nuestro léxico político el término andinismo, que según el mismo acota, no es suficiente para explicar, lo que sucedería una vez que aquel reaccionara contra Castro. Sanoja explica la consolidación del régimen de Gómez, por la existencia de un Ejercito Nacional, iniciado por Castro; por el cese de las guerras civiles; la transición de la economía agropecuaria a la petrolera; y por la presencia cada vez más activa de los Estados Unidos. Por ello, a lo largo de nuestro análisis, nos hemos referido frecuentemente a "las circunstancias," que suelen ignorar algunos historiadores en el análisis de los procesos históricos. Hecho que no se le escapa a Sanoja Hernández en su exposición, en la medida en que trata de contextualizar el acontecer, que explica cada una de las etapas que van desde la Revolución Restauradora hasta los intentos de Golpes de Estado del año 1992 y el surgimiento del MVR.

 



 

Otrosí, con relación a la visión de Sanoja Hernández, es el criterio, un poco más audaz, de Jorge Olavarría, en quien admiramos su sincera pasión por la vida nacional, su rebeldía, y su libre pensamiento. En su exposición, denominada DE CRESPO A CALDERA 1894-1994, Olavarría no vacila en significar al 18 de octubre como un retorno al siglo XIX, en tanto que resucitó al sectarismo, que se creía superado con la muerte de Gómez. Sectarismo que ha sido una constante política en nuestra historia republicana, y con el cual se han justificado muchos alzamientos, guerras y golpes de estado. Para Olavarría el gobierno de Cipriano Castro fue la continuación del modelo político del liberalismo amarillo, afirmación que no compartimos, si hacemos la salvedad de que las alianzas que Castro hábilmente realiza, con liberales y conservadores, eran absolutamente necesarias, por cuanto carecía, como se dice ahora, del piso político imprescindible para mantenerse en el poder. Y discrepamos más aún, en tanto que el balance de su gobierno, registra la liquidación de ese mismo liberalismo y del caudillismo en el cual se sustento en los primeros días de llegada la poder. Incluso hasta por los términos muy peculiares en que esa alianza se realizó, por cuanto, como lo señala Inés Quintero, esas "ya se rigen en función del respeto y mantenimiento de las autonomías locales, sino en la aceptación progresiva de un poder central"(3) impuesto por el autoritarismo y en algunos casos con la cárcel, y que termina por liquidarlos.

 



 

Para Olavarría es evidente que, para poder comprender el gobierno de Gómez hay que interpretarlo a luz de una doble perspectiva, en la que se considere, la de orden personal y la que corresponde a los antecedentes históricos, que explican la realidad autocrática y disgregadora del país, que a Gómez corresponde gobernar; y cuyos antecedentes los sitúa a partir del gobierno de José Tadeo Monagas. Doble perspectiva de análisis, que le niega a Castro, a partir de su convicción, de que éste representa la continuidad del liberalismo de Guzmán.

 



 

Olavarría afirma que, una tercera perspectiva de análisis y evaluación del siglo que perece, debería comprender un esfuerzo de comparación crítica de los cuarenta y cinco años, del ciclo cronológico que se inicia en 1889 y concluye en 1945, con los cuarenta y nueve años del ciclo que se inicia con la revolución del 18 octubre de 1945, y que llegan hasta la elección de Rafael Caldera en 1993. Todavía no se sabe, no obstante, si el período que sigue al del 93, habrá de incluirse dentro del ciclo que culmina, o si, dentro del nuevo ciclo que podría estar por nacer.

 



 

Tomás Polanco Alcantara se inscribe dentro de las corrientes metodológicas, que conciben los cambios históricos, dentro de líneas, que se agotan al termino de unas generaciones. Su exposición denominada LOS CICLOS HISTÓRICOS EN ESTE SIGLO (CONSTANTES Y VARIANTES) se sustenta en ideas que tienen en José Ortega y Gasset a su primer teórico. Polanco delimita nuestros ciclos históricos en una media de treinta años, a partir de la cual culminan y comienzan períodos que definen el carácter y las orientaciones de una nueva época. Según esta lógica, cada ciclo trae consigo las orientaciones que deben regir los cambios que modelarán la fisonomía del tiempo porvenir. Idea emparentada, con una de las tesis del desarrollo de la filosofía materialista, denominada por los marxistas, Ley de la negación de la negación, según la cual, la negación es un factor inevitable y regular en todo desarrollo. Según Marx, en ningún ámbito de la realidad puede producirse un desarrollo, que no niegue sus formas anteriores, pero siempre, aceptando como nexo la base que le precede, sin la cual es incomprensible, el desarrollo de formas superiores. Polanco Alcántara finaliza su exposición, afirmando su creencia de que no hacen falta más programas especiales para el desarrollo futuro, ni más leyes, ni revoluciones, puesto que, coherentemente con su tesis, "la realidad ha marcado lo que debe hacerse"(4)

 

 

 

La totalidad de los autores analizados reflejan, a pesar sus discursos muy críticos sobre nuestra realidad, una visión optimista del porvenir. Matizada en algunos casos, con reservas sobre las posibilidades inmediatas de hacer los cambios que corresponden a nuestro tiempo histórico. Pero se observan en el tratamiento de los temas tratados, fundamentalmente dos posiciones que dividen la historia venezolana a partir de 1945. La primera, representativa de quienes consideran que el golpe del 45 significo la ruptura dolorosa, y un retroceso, dentro de un proceso que venía por sus más naturales cauces. Propia de esta percepción es la tendencia que intenta justipreciar los aportes hechos por los hombres que lograron la unidad física del país, y de cuyo seno emergen figuras que luego inician un tránsito pacífico hacia nuevas formas de gobierno.

 

La segunda posición es la representada por quienes consideran que era menester acelerar los cambios políticos que se habían suscitado a partir de la muerte de Gómez, Algunos de los representantes de esta misma postura, ven en los gobiernos Castro y Gómez, símbolos del de atraso y del oprobio, mientras que por otra intentan justipreciar las virtudes de los gobiernos que se suceden a partir de 1945. Creemos que la proximidad con esa parte de nuestra historia, nos está impidiendo valorar, en justos términos, la obra de cada uno de los períodos del mapa histórico del siglo XX venezolano. No obstante, nos adherimos a los criterios expresados por Arturo Uslar Pietri, en una entrevista que se le hizo antes de morir. Este escritor afirma que, Venezuela no ha resuelto sus problemas fundamentales de pueblo, de nación. Venezuela no ha realizado todavía su integración espiritual, hecho que explicaría la cantidad de constituciones que hemos tenido a lo largo de nuestra historia republicana. Y la cantidad de proyectos y programas que cada gobierno abandona para recomenzar con uno propio. A Uslar, le parece risible, que se hable de refundar la República. De lo que se trata, nos dice, es de fundarla y sobre bases reales, porque nunca hemos tenido un proyecto de nación que refleje los intereses de todos sus componentes y nuestra autentica realidad. Empezando por la Constitución de 1811 que según afirma, fue copia de modelos que no se correspondían con nuestra realidad. Es necesario, nos decía, que nos sinceremos, que abandonemos la demagogia clasista y populista. Y que nos olvidemos de las ideologías. Es menester que ocupemos nuestro inmenso espacio territorial, y que asumamos nuestra modesta realidad y nuestra identidad, como lo han requerido los más importantes pensadores de nuestra historia.

 

FUENTES

 
  1. Caballero, Manuel.Cambios en las ideas y la Mentalidad del Venezolano del Siglo XX

 
  1. Fernández, Eduardo De la Autocracia a la Democracia en el Siglo XX

 
  1. Quintero, Inés. El Ocaso de una Estirpe

 
  1. Sanoja Hernández, Jesús. Balance Y Desbalance del Siglo Político

 
  1. Olavarría, Jorge. De Crespo a Caldera 1894-1994

 

6. Polanco Alcántara, Tomás. Los Ciclos Históricos en este Siglo

 

 

 



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Casos y cosas de la evaluación docente

Por: HenryTovar | Creado: 01/03/2011 22:07 |

Estimados profesores de este colegio

He leído, con cierta curiosidad, una tarea de Educación para la Salud, calificada con diez puntos sobre veinte, y me alarme. La tarea consiste en un registro personal de conceptos en torno a la moral, la honestidad, la generosidad, el respeto, y concluye con el concepto de sí mismo vinculado con la autoestima o viceversa.

Eludiré cualquier argumentación valorativa en torno a la ponderación del mismo. Me desinteresan los argumentos técnicos instrumentales sustentadores de falsas e imposibles objetividades. Iré al fondo del asunto. Me percaté de que la profesora no es docente. Pareciera que no tiene ni idea de los significados latentes en esos registros ponderadores de nada. Esta tarea me permitió evaluarla. Y esta apreciación es sustantiva, porque resultaría nocivo que yo, como docente, estuviere ejerciendo la medicina, la ingeniería civil o la psicología, sin tener la formación o el componte profesional que me faculte, no sólo para curar, construir adecuadamente o sanar, sino por algo más importante: no hacer daño. Si ustedes, estimados profesores, pudieren sentirse ofendidos o lesionados por lo que digo, pónganse en los calzones de los alumnos, quienes con emoción, seguridad y orgullo asumen la tarea de escribir sobre valores y sobre sí mismos y terminan calificados con diez. ¡Horror!...

- Papááá…, fue por la portada, - me dice mi hija-… ¡Mija! - le digo- el problema no es la portada, ni el número de lista, ni la extensión del trabajo, ni porque la tarea no está firmada por tu representante. El problema es otro, que no se corresponde con tus carencias, sino con las ajenas... Y tengo que señalarte, además, que si tu profesora no es docente, tampoco es la responsable de su propio desempeño… ¿Cómo te lo explico?

Calificaciones como la indicada, en este tipo de asignaturas: Educación para la Salud, Educación Familiar y Ciudadana, Historia de Venezuela, Geografía, entre otras, son propias y observables en registros de oficiantes ajenos a la educación: ornitólogos, taxidermistas, entomólogos, abogados, etc.; con mucho menos frecuencia en profesores reprobados, durante sus años de formación docente, en asignaturas como Teoría y Diseño del Currículum, Pedagogía y Evaluación Educativa. Lo advierto porque los aguanté en la universidad en donde teníamos profesores excelentes (humana y profesionalmente): economistas, psicólogos y sacerdotes fungiendo como docentes.

-Hija mía, espero que nadie se ofenda, porque ofendida debería estar tu mamá, quien se “faja” contigo a trabajar, todos los días y hasta media noche, por la carga excesiva de trabajo escolar, consecuencia de la irracionalidad en el uso de las didácticas o por el desconocimiento de los fines sustantivos de la educación escolar, por parte de tus profesores.

-Tu mamá y yo estamos hastiados de los profesores “ponchones” y de la burocracia académica que no revisa su propio desempeño. Estamos preocupados por la repetición libresca y por la memorización autómata a la que te inducen, conforme a la revisión de exámenes de historia de 7mo grado; preocupados por la precariedad de los criterios para planificar y por su ausencia absoluta para evaluar. Nos apena y nos impacienta la torpeza de quienes se solazan, con tinta roja, con sus inconmensurables conocimientos, ignorando lo mucho que ignoran, incluidos sus discernimientos sobre pedagogía y evaluación.

Como estimo a los profesores y a la institución, uno de cuyos docentes podría ser yo, espero que luego de posibles molestias, estas líneas coadyuven a la reflexión personal y colectiva sobre la delicada tarea de enseñar.

Con mi aprecio sincero, les saluda.

Atentamente

Henry Tovar

Correo electrónico: contextouniversitario@gmail.com