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LA GUERRA FEDERAL (1858-1863)

Por: HenryTovar | Publicado: 15/04/2011 22:23 |

La nominada Guerra Federal o Guerra Larga, fue la más cruenta de las guerras civiles acontecidas en Venezuela, durante el segundo trecho del siglo pasado; también la más cruel, y la más devastadora.

Un criterio, casi unánime, la define como una guerra de carácter social, que tendría su explicación más remota, en las diferencias sociales surgidas del sistema de castas gestado durante la colonia. Pero también y fundamentalmente por la ruptura del orden colonial, tras el cual adviene la independencia y un vacío de representatividad política, que da origen a un proceso anárquico, que se prolonga hasta el final del siglo XIX.

Durante la guerra de independencia, las diferencias sociales, fueron objeto de exaltación y agitación, particularmente entre los líderes republicanos. Estos pretendían ganarse la adhesión de las masas para una guerra que, en su comienzo, tuvo un carácter civil. Con promesas, posteriormente incumplidas, de liberación de la esclavitud, igualdad social y repartición de tierras, se proclamaron sinceros discursos que perdieron su viabilidad con la muerte del Libertador. Diremos que, “lógicamente,” la independencia fortaleció a las élites económicas y políticas de la naciente República, pero en proporción inversa a la postración económica de los pequeños productores y de la mayoría de la población. Por otra parte, una guerra que se había consumado bajo los auspicios de los ecos de la Revolución Francesa, no hizo más que profundizar la brecha social, y junto a ellas, las tensiones económicas y políticas. Tensiones que alcanzan su cenit durante la década de gobierno de los hermanos Monagas, en los años que van desde 1847-1858. El fortalecimiento de las élites, que aludíamos al principio, se hizo al amparo de las ideas del liberalismo económico manchesteriano, del poder político, y de una realidad social que no daba margen para la recreación de los ideales liberales, en un país con grandes atrasos económicos y sociales. Las constituciones políticas, podían soportar todo género de idealismo, más no la realidad económica y social.

El advenimiento de José Tadeo Monagas al poder, fue una estrategia política de José Antonio Páez, con la cual pretendió contrarrestar las tensiones políticas suscitadas por el resurrecto militarismo representado en el partido liberal, el cual había sido fundado para lograr representatividad política, fundamentalmente, de ese mismo sector. No obstante, la fórmula política ideada por Páez, fracasa, y multiplican las disensiones y las divisiones internas de los partidos, liberal y conservador; todo ello, en el marco de una profunda crisis económica, que afectaba los intereses, de los sectores más débiles, de la oligarquía terrateniente, representados ahora, por Partido Liberal.

Durante el gobierno de los Monagas, se generaliza la anarquía, la corrupción, y se cometen todo género de abusos, lo cual logra concitar alianzas transitorias, entre Liberales y Conservadores, que desean su derrocamiento. Un preludio de la guerra, es posible advertirlo en un discurso pronunciado por Monseñor Mariano Talavera y Garcés, con motivo del Congreso reunido el 20 de enero de 1855, para proclamar un segundo mandato de José Tadeo Monagas. Allí, Monseñor Talavera, en apretada y valiente síntesis, denuncia los males que aquejaban al país.


Parece señor - dijo -, que los males físicos, morales y políticos se han confederado para oprimir esta desgraciada República: carestía de subsistencias por causas bien conocidas; (...) enfermedades y epidemias que han diezmado y aniquilado algunas poblaciones; ausencia absoluta de toda policía preservadora del contagio; silencio sepulcral de la prensa; única lengua legal de los pueblos para emitir sus quejas; un erario exhausto que no puede satisfacer las justas exigencias de los servidores de la patria; una deuda inmensa que gravitará sobre diez generaciones: el agio llevado hasta el escándalo; la justicia envilecida; las garantías violadas; amenazas de muerte a porciones indefinidas de la sociedad; robos sacrílegos y asesinatos nocturnos por manos ignoradas; disensiones civiles; opiniones encontradas; odios recíprocos; partidos enconados que esquivan toda reconciliación; ciudadanos y militares que por aberraciones políticas."


A todas estas calamidades había que agregar la debilidad económica en que había estado sumida la República desde su misma refundación en 1830, como consecuencia de su dependencia de muy pocos productos agrícolas y a la inestabilidad de los precios de sus productos en los mercados externos; y a la incapacidad de las élites para Interpretar el verdadero sentido del descontento social que amenazaba la débil unidad nacional.

La rebelión popular que se desata en brotes espontáneos, en varios estados, a comienzos del 1959, y luego como insurrección política, el 20 de febrero de mismo año, en la ciudad de Coro, ocurre en el mismo momento en el que la Convención Constituyente reunida en Valencia, debate en torno al tipo Constitución que normará la relación entre los estados. La Constitución que se aprueba, bajo el signo del descontento de los partidarios del centralismo en oposición al federalismo, puso en evidencia el desfase de las élites políticas y fue la ocasión para dirimir esas diferencias, a través de las fuerzas que se habían desatado, al margen de los problemas y los discursos que animaban la convención. Fue la ocasión para ponerle nombres y banderas a una guerra que se encontraba sin dirección. Fue la ocasión para falsificar los sentimientos reprimidos de masas irredentas. Para que no quedara duda de ello, Antonio Leocadio Guzmán, afirmaba diez años después de finalizada la guerra: “No sé de donde han sacado que el pueblo de Venezuela le tenga amor a la Federación, cuando no sabe ni lo que esa palabra significa. Esa idea salió de mí y de otros que nos dijimos supuesto que toda revolución necesita bandera, ya que la Convención de Valencia no quiso Bautizar la Constitución con el nombre de Federal, invoquemos nosotros esa idea; Porque si los contrarios, señores hubieran dicho Federación, nosotros hubiéramos dicho Centralismo."

La guerra Federal fue el nombre que le dieron algunos actores, la ocasión y las circunstancias, a un conjunto de anhelos y odios, ambiciones y posibilidades fomentados por la opresión, pero también por la demagogia, en la que sustentaron su prestigio el Partido Liberal y particularmente los Guzmánes. Ezequiel Zamora fue el único líder que trató de interpretar, el sentimiento de aquellas masas que se adscribían a la proclama del analfabeta Martín Espinosa: "muerte a los blancos, a los ricos y todos los que sepan leer y escribir", como condición para su redención y el logro de la justicia.

La muerte de Zamora al comienzo de la guerra, sepultó con él, el control de aquellas muchedumbres que se desparramaban sembrando su paso más muerte y destrucción, y modificó el más autentico sentido de la guerra. Guerra, por cierto, fundamentalmente de guerrillas, pues tuvo únicamente dos momentos militares estelares, que confluyen en la Batalla de Santa Inés y la Batalla de Coplé. La primera comenzó el 10 de diciembre de 1959 y fue consecuencia de la campaña militar que lideró el general Ezequiel Zamora, a partir de los exitosos enfrentamientos que tuvo Zamora con las tropas del gobierno desde la toma del campamento del palito( conocida como la batalla del palito en marzo del 59) y posteriores tomas y enfrentamientos en las plazas de Yaracuy, Barquisimeto, río del tocuyo (conocida como la batalla del tocuyo) toma del pueblo de Araure, la ciudad de Barinas, Barinitas. En esta batalla perecen 4000 personas, y consagra a Zamora como general y excelente estratega. La segunda batalla importante, antes aludida, ocurre el 17 de enero de 1860 en la sabana de Coplé, donde las tropas del gobierno, comandadas por el general León de Febres Cordero, derrotan a las tropas federales. Muerto Zamora el 10 de enero durante la toma de San Carlos, quedan los insurrectos bajo la dirección de su cuñado Juan Crisostomo Falcón, quien no logra tomar la ciudad de Valencia y se repliega inexplicablemente hacia los llanos, luego de haber aumentado sus fuerzas en Tinaco, con las de los generales Juan Antonio Sotillo y Julio Monagas, que venían desde oriente para avanzar hacia el centro. Esta batalla, cuya conducción es delegada por Falcón, en el general José Desiderio Trías, deja un saldo de 5000 muertos, fundamentalmente pertenecientes al bando federal liderado por Falcón, y contribuyó a su desprestigio y a la dispersión de las tropas federales, que en lo sucesivo se convierten en montoneras, bandas y hordas que le dan un sentido distinto a la guerra.

La guerra finaliza formalmente el 24 de abril de 1863 con el Tratado de Coche, mediante el cual los conservadores pretenden salvaguardar sus propios intereses, ante la debilidad en la que se encuentran por la división y las disensiones interna.

Una de las consecuencias de la Guerra Federal fue el surgimiento de un proceso de desintegración de la nación y el Estado. Salcedo Bastardo afirma:


que no menos de sesenta conmociones locales se registran entre el quinquenio 64-68. En cada uno de los veinte estados creados en 1964, se producen estas ocurrencias. Aragua tuvo seis, Barcelona y Barcelona cinco cada uno; Cojedes, Guárico, Maracaibo y Trujillo tuvieron cuatro cada uno, Barinas Caracas, Guayana, Margarita, tres cada uno(...) otras novedades anexiones, separaciones y conflictos interestatales estallaron o estuvieron a punto de estallar, hostilidades entre Yaracuy y Barquisimeto, Mérida y Trujillo."


La consecuencia inmediata de la guerra fue la pérdida cuantiosa de vidas humanas. Junto a ello, la quiebra de la economía y la desarticulación de la familia. En el aspecto económico, implicó el abandono de los campos por las masas campesinas, que vieron en la guerra una oportunidad para alcanzar poder y prestigio; implicó también el desplazamiento de unas élites terratenientes, por otras, con escaso o ningún conocimiento de las técnicas más avanzadas del agro y del comercio, lo que trajo como consecuencia el retroceso, el estancamiento económico y el abandono del comercio exterior.

En el aspecto familiar, la desarticulación de la familia, se produjo como consecuencia del abandono del hogar por aquellos mismos hombres que participaban en la guerra, lo que se tradujo en la formación de nuevos roles para la mujer, y en la aparición de nuevas costumbres que debilitaron la institución matrimonial.

En el aspecto político, la guerra contribuyó al debilitamiento de las instituciones políticas, al aventamiento del caudillismo y al abandono de nuestras fronteras. No obstante, en el orden social, la guerra determinó la aparición de un igualitarismo social, que ha contribuido a al forjamiento de una sociedad sin odios, prejuicios ni complejos, y en ese mismo sentido, a la unidad espiritual de la nación. Estos datos permiten valorar la dimensión del conflicto en el que perdieron la vida más de 50.000 venezolanos, y que produjo la ruina material y económica en la que quedó sumido el país al final del siglo pasado.

La guerra no significó ningún cambio en las condiciones de vida de las masas populares, ni modificó la estructura de tenencia de la tierra. Significó, al margen de su consecuencia social, tan sólo un nuevo reparto entre las élites políticas y terratenientes de posesiones habidas a modo de botín.

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